Mil perdones... la semana pasada estuvimos tan a mil con la presentación de la editorial y con tantas otras cosas que los blogs quedaron algo abandonados. Pero aquí estamos para retomar el ritmo, y esta vez nada más y nada menos que con un libro de lo más tierno y danielesco que he encontrado por ahí: Belleza Negra -traducido en algunas ediciones como "Azabache"- (y Black Beauty para los fanáticos de los idiomas originales), este libro archiconocido sobre las desventuras del protagonista que da nombre a la novela: un hermoso caballo negro.Bueno, espero que noten entonces la recurrencia con los caballos en la editorial. Voy a hacer un alto en la historia y voy a contarles algo sobre mí: amo los caballos con locura. Practico equitación desde hace más de 10 años y los caballos son parte de mi vida de una manera imborrable. Tengo una yegua que se llama Vendetta y que hoy por hoy es mi único y gran amor. Y, claro, disfruto leyendo de caballos también. En cuanto al logo de la editorial, sí, también fue culpa mía. Lo sugerí cuando estábamos buscando un logo apropiado y me salí con la mía. El caballo quedó y ahora mi afición se da en todos los ámbitos de mi vida.
¿Y qué me gusta tanto de estos animales? Pues es muy difícil de explicar a quien nunca ha montado. Los que han paseado a caballo saben un poco a qué me refiero. Pero los que estamos en la equitación competitiva tenemos la ventaja de haber aprendido algo con el tiempo: cuando uno monta a un caballo, se entrega completamente a él, confía en su monta porque de otra manera terminaría lastimado. Los caballos son animales que fueron creados para vivir en libertad, animales silvestres preparados para sobrevivir en la naturaleza. Y por eso cuando uno cría a un caballo para un deporte, tiene que asegurarse de que su vida no solo sea igual a lo que sería si estuviera en libertad. Tiene que hacerla mejor. Mil veces mejor. Tenemos que desarrollar sus sentidos y dedicarnos a ellos con todo el amor que nos sea posible dar. Y a cambio tenemos a un compañero fiel que es más que una mascota, porque es un compañero de competencias. Esa relación es única y especial. Por eso creo que los caballos me gustan tanto. No soy muy bueno confiando en la gente porque creo que en general uno se decepciona. Pero con los caballos, una vez que has aprendido su lenguaje, se abre la posibilidad de crear una intimidad que se parece mucho a la más franca y difícil amistad.
Y este libro cuenta la historia de un caballo a quien le toca vivir diversa fortuna a lo largo de su vida: pasa tanto por las manos de buenos como de malos dueños, quienes le enseñan (y nos enseñan a nosotros los lectores) lecciones sobre la naturaleza humana, sobre nosotros mismos, sobre la compasión, el cariño y el cuidado, pero sobre todo de la posibilidad de todos de comunicarnos. De por qué nunca debemos rechazar a quien necesita ser oído. Por qué hacerlo es ser tan insensible como algunos de los personajes más crueles de esas páginas. Por qué negarle a alguien la posibilidad de simplemente decir lo que piensa es tan terrible: así son los caballos que no tienen palabras para nosotros, a quienes tenemos que aprender a entender en su propio lenguaje. Porque, aunque cuesta, y aunque en definitiva no sea nada sencillo, tienen cosas importantes que decirnos. Sobre ellos y sobre nosotros mismos.
Si este libro fuera persona... Sería esa persona sensible que recoje un perro cojo en la avenida para llevarlo al veterinario, que se acerca a las personas que necesitan de su ayuda. Sería, al fin, una persona con el rarísimo don de saber escuchar.
Regálaselo a... A quien realmente pueda apreciarlo. O sea, a alguien que tenga los oídos bien abiertos y el corazón puesto en su sitio. Como alguna vez conversamos con Gladys, a quienes tienen corazón de caballo.
¿Alguna vez Daniel ha tenido un caballo negro? No. Pero sueño con tener uno alguna vez, porque me fascinan. El mejor caballo de salto (en mi opinión) de la historia fue un caballo negro que se llamaba Jappeloup. Pero hubo una época en que trabajaba montando caballos para otras personas. Y creánme, llegué a tener a mi cargo 4 caballos tordillos (blancos). En fin... mejor suerte a la próxima.
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