(Podría decirse que estoy devolviendo el gesto. Pero sería más sincero decir que me gusta recomendar este libro.) A Gladys la conocí el día que fue a llevarme este libro a mi antiguo trabajo. Bueno, este libro y un inédito que finalmente, por esos avatares del destino, ha terminado convirtiéndose en uno de los proyectos más interesantes en los que me ha tocado participar nunca. Pero en fin, ya ese es otro rollo. La cosa es que Gladys llega y me pasa este libro con carátula amarilla (color que odio y me persigue recurrentemente, probablemente porque lo sabe) y con un título francamente interesante. Hasta ese día todo lo que me llegaba de literatura infantil lo pasaba al área sin darle mayor importancia. Pero Gladys tenía dos cosas a favor: uno, era amiga de una amiga (bueno, eso en realidad no es decir mucho, pero quería poner que no era solo una cosa). Dos, cuando estuvo frente a mí fue ella misma. Y ella misma es genial, la verdad.
No le digan nunca. Pero lo cierto es que me picó la curiosidad. Nunca le he contado, pero la cosa es que apenas se fue leí el Ajonjolí. Y lo volví a leer esa noche en mi casa. Me reí muchísimo, qué les puedo decir. Recuerdo que lo primero que pensé fue "esta mujer no puede estar tan loca". Obviamente, muchos meses después, cuando empezamos con el proyecto de Arkabas, me di cuenta que no solo estaba loca, que eso era quedarse corto. Pero de nuevo, eso es adelantarnos mucho.
El punto con Ajonjolí y el monte calavera es que es un libro espontáneo. Uno de esos raros, muy raros libros que emergen del talento puro de un autor, de un autor crudo, ese autor que está descubriendo o empezando a descubrir por dónde quiere orientar su literatura. Y eso no tiene nada de malo, de hecho, lograr hacer un buen libro usando solo el talento, usando solo la imaginación y las ganas y las imágenes que uno quiere plasmar, es una tarea sumamente difícil. En ese sentido, Ajonjolí no es solo un libro implacable, sino una verdadera innovación en su género. Pero lo más importante de este libro, y probablemente de la autora, es que tiene esa cualidad tan escasa en los autores de hoy en día (me atrevería a decir que más aun en los infantiles), esa cualidad que llega a tocar esa fibra sensible que tenemos todos: quizás el niño que alguna vez fuimos, o el niño que conservamos, o el niño que quisiéramos ser, no sé, ya eso será a gusto del cliente. Pero el caso es que cuando un autor se lanza a escribir y vuelca lo que tiene dentro y lo hace así de bien y encima te remece la emoción estética como terremoto de cien grados, sabes que estás ante algo grande.
Este libro es un viaje al campo en el que nada es el campo porque, una vez más, para un niño nada se termina en lo aprendido, sino que apenas empieza a formarse allí. Los límites pueden ser el universo mismo, el cielo, un helicóptero que aparece de la nada donde no debería haber más que piedras, un viaje fantástico que tenemos con quién compartir, una serie de personajes que aparecen y se desvanecen con el mismo interés súbito con que los niños toman las cosas o las dejan por otras que los entretengan más. Yo no sé. A mí esa clase de lecturas me renuevan porque es como entrar a ese hermoso torbellino que es la diversión y la libertad más pura y simple: la que se imagina y, por lo tanto, es. Va recomendado para todos los padres que no saben qué comprarle a sus hijos. Es un libro diferente y simplemente único en su especie. Un poco como las aventuras de sus personajes: van siempre en busca del siguiente paso. Y por eso no importa mucho la intención original, sino la sonrisa del aquí y el ahora.
Gladys Segovia es... Tricia Baldwin. Ya, esa historia es medio complicada, pero resulta que a nuestra autora le dio crisis de identidad cuando estaba por publicar y finalmente salió con ese seudónimo de Tricia Baldwin. Lo cierto es que ya ha declarado que su siguiente libro sale con nombre y apellido, así que habrá que hacerle caso.
Si este libro fuera persona... Lo más fácil sería decir que sería Gladys, pero creo que en general cualquiera que (y me meto en el paquete) al entrar al campo rompe riendas, se desboca un poco y no duda en meterse al barro, abrazar a los animales, treparse a los árboles, qué sé yo, todo menos esa actividad inutil que requiera de un enchufe.
Pueden encontrarlo... (A pedido del público) En cualquier librería de Lima, creo. Especialmente en La Casa Verde, donde nos engríen bastante.
El próximo... Ya está anunciada la salida de su nueva novela en julio. Lo que es yo, no puedo esperar. El tema va por un lado totalmente distinto, pero vamos. Sigue siendo Gladys Segovia.
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